28 de enero con D. Bosco

Nos acercamos a la festividad de San Juan Bosco, hoy a las 20:00 h celebraremos en la Iglesia Santuario de María Auxiliadora el primer día del Triduo en su honor. Desde la Hermandad realizaremos, en los próximos días, una breve aproximación a su vida y obra que nos permitirá conocer un poco mejor a nuestro Titular.

Contexto histórico
Aunque Don Bosco posee una personalidad muy fuerte y unos rasgos muy originales, para entenderlo y entender su espiritualidad hay que situarlo necesariamente en su tiempo. De esta forma comenzaremos por revisar el momento histórico en que vivió, su tierra, su gente.Don Bosco es claramente un hombre del ochocientos. A sus espaldas quedan las grandes revoluciones sociales, políticas, culturales del siglo XVIII, cuya herencia será sentida fuertemente a lo largo de todo el XIX. Es testigo de la gran transición política que vive la península italiana, que va a transformar el reino saboyano del Piamonte en el reino de Italia.
La estructura política de la sociedad liberal que surge de la Revolución Francesa se podría expresar con el término separatismo. Es decir, el orden político–civil–temporal y el espiritual-religioso-sobrenatural no solo son distintos, sino del todo separados: el Estado y la Iglesia transitan por caminos paralelos que nunca se encuentran (Martina 1974). En este sentido, se subraya: mientras la naturaleza de la sociedad civil es colectiva, la religión consiste en una relación totalmente individual con Dios. Mientras la sociedad busca como fin propio únicamente la prosperidad temporal, limitada a esta vida, la religión se orienta hacia la vida eterna, ultraterrena. No existen, pues, elementos en común entre la vida de la sociedad civil, del Estado, y la de la religión y la Iglesia. Se puede decir, pues, que la Revolución condujo, por primera vez en la historia de la Europa cristiana, a la laicización de la vida pública.Esta separación se desarrolla en los países latinos bajo el signo de la hostilidad, quizá como reacción contra la unión demasiado estrecha entre la Iglesia y el Estado propia del Antiguo Régimen. En Italia, además, se entremezcla estrechamente con la cuestión romana. En 1848, se aprueba, superando la fuerte resistencia del episcopado piamontés, la emancipación civil de los acatólicos, judíos y valdenses; en 1850, fue abolido el fuero eclesiástico; en 1866, se introduce el matrimonio civil; con tres leyes sucesivas (29 de mayo de 1855, 7 de julio de 1866, 15 de agosto de 1867), quedaron suprimidas las Órdenes religiosas y confiscado el tesoro eclesiástico. Todo esto merma notablemente la fuerza y el poder político de la Iglesia. Sin embargo supone también un esfuerzo muy firme para fortificar su acción espiritual. A lo largo del siglo XIX se multiplican las nuevas fundaciones religiosas y se expande el testimonio de numerosos santos: Cafasso, Cottolengo, Murialdo, Guanella, Juan Bosco.

De alguna forma, la Iglesia se purifica. Carente de los medios económicos y políticos en los que había basado la eficacia de su acción, comprende mejor el alcance de la gracia y la libertad en que se fundamenta la fe. Pero, ciertamente, todo esto se realiza a través de un proceso muy dificultoso y complejo. No resultó fácil a la Iglesia adecuar sus estructuras, funciones y actividades al nuevo contexto histórico y político. Durante buena parte del siglo XIX, la mayoría del episcopado opuso fuerte resistencia. Preocupados por reconstruir lo que la Revolución había demolido, por recuperar el antiguo patrimonio material, moral y espiritual, se enfrentan a la “revolución liberal” con lamentaciones, condenas y excomuniones que atraviesan todo el siglo XIX (Alburquerque 2013).
No solo hemos de fijarnos en este gran marco de referencia histórico; hay que llegar también a la realidad social y religiosa concreta: el mundo rural en el que crece Juanito Bosco, inmóvil y al margen de las nuevas corrientes e ideas de la época, la escuela tradicional y el seminario tridentino de Chieri, el Convictorio Eclesiástico de Turín, ligado a la más segura ortodoxia católica, sus lecturas predilectas sobre historia eclesiástica y apologética (Braido 2003).

En san Juan Bosco, la concepción de la vida, de la felicidad, de la perfección cristiana, de la Iglesia, el propio proyecto apostólico y espiritual, no fue intemporal; al contrario, su concepción antropológica, teológica y social, así como su propia vivencia sacerdotal, no pueden separarse de su tiempo. Situado entre el Antiguo Régimen y el nuevo mundo que surge tras las recientes revoluciones, Don Bosco, durante toda su vida, aparece marcado por una ambivalencia irresoluta entre tradición y modernidad. La cultura, la formación inicial y la mentalidad de base le arraigan en unos principios muy distintos de los de la Revolución Francesa. Sin embargo, la inteligencia, la atención a las necesidades de su tiempo, las exigencias de sus obras, lo hacen también un hombre nuevo y sorprendentemente libre. Hombre de su tierra y de su tiempo, termina por convertirse en ciudadano del mundo, santo de ayer y de hoy.

Fuentes

Alburquerque, E. “Espiritualidad de Don Bosco.” Educación y Futuro, 2013: 39-60.
Braido, P. Don Bosco prete dei giovani nel secolo delle libertà I. Roma: LAS, 2003.
Martina, G. La Iglesia, de Lutero a nuestros días. III Época del liberalismo. Madrid: Cristiandad, 1974.

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